Hicimos el trabajo. El proyecto murió. Aquí está el resultado.
Sobre lo que ocurre cuando el sistema falla antes de que el trabajo llegue a donde tenía que llegar
Una colega me llamó para pedirme ayuda con la conceptualización de un vídeo de destino. El territorio era la Campana de Oropesa, una comarca de Toledo que está en plena construcción de su relato turístico: dehesas, queso artesano, aceite de oliva, castillo medieval, 18 municipios que están aprendiendo a contarse como destino. Un proyecto de los que merecen hacerse bien.
Lo que tenían que comunicar no era fácil. No es un destino de postal. No tiene playa ni gran ciudad. Tiene algo más difícil de vender y más valioso cuando se consigue: un territorio que sigue funcionando. Que respira. Que produce. Que conserva formas de vida que en otros sitios llevan décadas desapareciendo.
Eso fue exactamente lo que intentamos trasladar al guion del testimonial con voz en off. Lo que queríamos que alguien sintiera al verlo no era "qué bonito" sino "quiero ir". No visitar. Habitar.
Este fue el resultado:
Hay territorios que no esperan a que los descubras. Siguen funcionando. Siguen respirando. Siguen siendo. Dehesas donde el equilibrio no es un concepto, es una forma de vida que lleva siglos en pie. Ríos que marcan el ritmo. Cielos que todavía se pueden leer de noche. Manos que siguen cultivando, criando, elaborando. No para conservar el pasado. Para construir el que viene. Esto no es un destino que se visita. Es un territorio que se habita.
Campana de Oropesa.
Ese texto lo grabó Anton , cuya voz le dio exactamente la textura que el territorio necesitaba: sin grandilocuencia, sin pose, con la cadencia justa de algo que existe de verdad. No se le ha pagado nada. Lo menciono porque lo merece, y porque forma parte de esta historia.
Hace dos días me llegó un whatsapp.
Un recurso administrativo había paralizado el proyecto. Sin previo aviso. Sin posibilidad de hacer nada. El trabajo, entregado y presentado, quedaba inutilizado.
No voy a dramatizar. Pasa. En el turismo institucional pasa con una frecuencia que el sector ha normalizado de una forma que debería incomodarnos más. Los recursos, los cambios de gobierno, los presupuestos que desaparecen, las licitaciones que se caen: el creativo siempre está al final de la cadena. Siempre es el más prescindible cuando algo se rompe.
Lo que sí me interesa señalar es esto:
El problema no es que haya imprevistos. El problema es que el sistema está diseñado de una manera que hace que el trabajo creativo sea el que asuma el riesgo de todo lo que falla antes. El territorio pierde su vídeo. La agencia pierde su encargo. El locutor pierde su caché. Y el proyecto, que era bueno, desaparece sin haber cumplido ninguna función.
He trabajado con más de 45 destinos. En todos ellos hay profesionales que hacen bien su trabajo, productoras que entregan, fotógrafos que madrugaron, redactores que dieron tres vueltas a cada frase. Y en todos ellos existe esa posibilidad silenciosa de que algo administrativo, político o presupuestario lo borre todo de un plumazo, sin consecuencias para nadie salvo para quien hizo el trabajo.
Lo que sí podemos hacer es no dejar que el trabajo desaparezca sin más.
Este vídeo no va a llegar a donde tenía que llegar. La Campana de Oropesa no va a poder usarlo, al menos no ahora. Pero el trabajo existe. El guion existe. La voz de Anton existe.
Y este artículo existe para que sirva de algo: para mostrar cómo se conceptualiza un destino que no es obvio, para reconocer a quien puso su voz sin cobrar, y para apuntar, sin rodeos, que este sector necesita protegerse mejor de sí mismo.
Si te ha pasado algo parecido, ya sabes dónde encontrarme.