Cómo medir si una campaña turística ha funcionado de verdad

Hay una conversación que se tiene al final de cada campaña turística y que casi nadie tiene bien resuelta. El cliente pregunta si ha funcionado. La agencia presenta un informe con impresiones, alcance, visualizaciones y engagement. Y nadie en la sala puede decir con certeza si el dinero gastado ha generado algún resultado real para el destino.

Eso no es medición. Es producción de datos que no incomodan a nadie.

El problema de medir lo que es fácil medir

Las métricas de vanidad existen porque son fáciles de producir y difíciles de cuestionar. Un millón de impresiones suena bien. 40.000 visualizaciones del vídeo suena bien. Un incremento del 15% en seguidores suena bien.

¿Bien respecto a qué? ¿Qué decisión de negocio cambia en función de esos números?

El sector turístico tiene un problema estructural con la medición porque la cadena entre la comunicación y el resultado final —el viajero que llega, gasta y repite— tiene muchos eslabones y mucho tiempo de latencia. No es como el e-commerce, donde el clic lleva a la compra en minutos y el retorno es medible al día siguiente.

Pero esa dificultad no justifica medir lo irrelevante. Justifica construir un sistema de medición más sofisticado.


Qué hay que medir en una campaña turística

Depende del objetivo. Y aquí está el primer problema: muchas campañas turísticas no tienen un objetivo concreto y medible antes de lanzarse. Tienen intenciones. "Aumentar la visibilidad del destino" no es un objetivo. Es una dirección general sin destino.

Un objetivo medible suena distinto: aumentar las pernoctaciones en temporada baja un 12% respecto al año anterior. Incrementar el ticket medio del visitante en un 8%. Reducir la estacionalidad aumentando el porcentaje de visitas en los meses de octubre a marzo.

Con un objetivo así, la pregunta sobre si la campaña ha funcionado tiene una respuesta posible. Sin él, cualquier resultado puede interpretarse como éxito.


Las métricas que importan, por tipo de campaña

Para campañas de notoriedad y posicionamiento de destino, las métricas relevantes son el recuerdo de marca en el público objetivo —medible con estudios de mercado pre y post campaña—, el volumen de búsquedas del destino en Google Trends durante y después de la campaña, y el tráfico directo y orgánico a la web del destino como indicador de intención real.

Para campañas de captación y conversión, lo que importa es el coste por clic en keywords de destino, la tasa de conversión de visita web a consulta o reserva, y el coste de adquisición por visitante generado.

Para campañas de fidelización y prescripción, el indicador más valioso es el Net Promoter Score del destino —cuántos visitantes lo recomendarían activamente— y el porcentaje de visitantes que repiten en un horizonte de dos a tres años.

El dato que nadie recoge y que lo explica todo

Hay una pregunta que los destinos turísticos raramente hacen a sus visitantes y que tiene más valor estratégico que cualquier métrica de campaña: ¿cómo supiste que existíamos?

La respuesta a esa pregunta, recogida de manera sistemática durante un año, te dice qué canales realmente generan visitantes, cuál es el peso real de cada campaña frente al boca a boca y la prescripción orgánica, y dónde tiene sentido invertir el presupuesto del año siguiente.

Es una encuesta de dos preguntas en la oficina de turismo o en el proceso de check-in de los alojamientos colaboradores. No requiere tecnología sofisticada. Requiere disciplina para hacerla siempre y honestidad para aceptar lo que dice.


Cómo presentar los resultados de una campaña

Un informe de campaña útil tiene tres secciones y no más de diez páginas.

Primero, el objetivo que había y el resultado conseguido. Sin rodeos. Si el objetivo era aumentar pernoctaciones un 12% y el incremento fue del 7%, eso es lo que dice el informe. Con el contexto que explica por qué, pero sin enterrar el dato.

Segundo, qué ha aprendido el destino sobre su audiencia, sus canales y su mensaje que no sabía antes de la campaña. Una campaña que no genera aprendizaje, aunque haya funcionado, es una oportunidad perdida.

Tercero, qué hace diferente el destino en la siguiente campaña como consecuencia de lo aprendido. Si el informe termina y la siguiente campaña es igual que la anterior, la medición no ha servido para nada.

Medir bien no es complicado. Es incómodo. Porque obliga a comparar lo que se prometió con lo que ocurrió. Y esa comparación, cuando se hace con honestidad, es exactamente lo que hace que el marketing turístico mejore.

Si quieres un sistema de medición real para tus campañas turísticas, o necesitas evaluar si las campañas actuales están generando resultados de negocio, [hablamos →]

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