Por qué los destinos turísticos españoles venden lugares cuando deberían vender experiencias
Cómo posicionar un destino turístico: deja de vender kilómetros de playa
Hay un experimento mental que hago con cada cliente nuevo. Les pido que me describan su destino en tres frases. Sin pensar demasiado, lo que les sale natural.
El resultado, después de más de 15 años y más de cuarenta proyectos, es siempre el mismo: me hablan de kilómetros de costa, de monumentos catalogados, de gastronomía de calidad y de un clima envidiable. Me hablan del lugar. No me hablan de lo que pasa cuando alguien está ahí.
Esa diferencia —entre describir un sitio y narrar una experiencia— es el problema central del marketing turístico español. Y hasta que no se resuelve, ninguna campaña, ningún presupuesto y ninguna estrategia digital va a funcionar de verdad.
El catálogo no es una propuesta de valor
Cuando un destino publica "220 kilómetros de costa virgen, 14 monumentos declarados Bien de Interés Cultural y una gastronomía reconocida internacionalmente", está haciendo lo mismo que hace cualquier otro destino con 220 kilómetros de costa virgen, 14 monumentos y una gastronomía reconocida internacionalmente.
No hay escasez. No hay tensión. No hay razón para elegirte a ti y no al siguiente.
Un catálogo de atributos no es una propuesta de valor. Es un inventario. Y los inventarios no mueven a la gente a reservar un vuelo, cambiar sus planes de verano o desviar 200 kilómetros de su ruta.
Lo que mueve a la gente es imaginar cómo van a sentirse. Lo que mueve a la gente es una historia en la que se reconocen como protagonistas.
La diferencia entre un destino y una experiencia
Pongamos un ejemplo concreto. Dos destinos con características objetivamente similares: costa mediterránea, gastronomía local destacada, patrimonio histórico, clima benigno. Uno de ellos ha trabajado su narrativa. El otro, no.
El primero te dice: "Ven a descubrir nuestras calas, nuestra cocina y nuestros rincones con historia."
El segundo te dice: "Aquí todavía existe el tiempo para sentarse a comer sin mirar el reloj."
El primero describe un lugar. El segundo describe una promesa de vida. Una sensación que el visitante ya ha deseado antes de leer el copy.
¿Cuál de los dos tiene una estrategia de marketing? El segundo, aunque solo sea por esa frase.
Eso es lo que separa a un destino posicionado de uno que simplemente existe en un mapa.
Por qué ocurre esto: el problema estructural
El marketing turístico en España tiene un problema de origen. Históricamente, la comunicación de destinos ha estado en manos de administraciones públicas con lógica de gestión, no de comunicación. El resultado son planes de marketing que documentan muy bien lo que existe, pero no construyen ningún relato sobre por qué importa.
A esto se suma que los concursos públicos —que mueven gran parte del presupuesto del sector— tienden a premiar la propuesta más completa en términos de deliverables: folletos, redes, feria, web, vídeo. Raramente evalúan si hay un concepto detrás que lo vertebre todo.
Sin concepto, todos los deliverables del mundo son ruido caro.
Qué es exactamente una narrativa de destino
Una narrativa de destino no es un eslogan. No es una frase bonita para el banner de la web. Es la respuesta honesta a tres preguntas que muy pocos destinos se hacen en serio:
¿Qué hace este lugar único? No qué tiene, sino qué hace que sea irrepetible.
¿Para quién es especialmente relevante? No "para todo tipo de viajero", que es otra forma de decir para nadie.
¿Qué promete al visitante que ningún otro destino puede prometer de la misma manera?
Cuando tienes respuestas reales a esas tres preguntas, tienes el núcleo de una narrativa. Todo lo demás —el copy, las imágenes, las redes, las campañas— es aplicar ese núcleo en distintos formatos y canales.
Sin ese núcleo, cada pieza de comunicación va en una dirección diferente y el destino nunca construye una imagen coherente en la mente del viajero.
El caso de Vinaròs: de pueblo de paso a destino de experiencia
Cuando empezamos a trabajar con Vinaròs, el municipio tenía todo lo necesario para ser un destino turístico relevante en la Comunitat Valenciana. Tenía costa, patrimonio, una lonja de pescado con producto excepcional y una identidad local auténtica que los propios habitantes valoraban sin saber muy bien cómo contarla.
Lo que no tenía era un relato.
Los materiales de comunicación existentes describían el municipio de la misma manera que cualquier otro pueblo costero de la zona. Playa, gastronomía, historia. El viajero que los leía no tenía ningún motivo concreto para elegir Vinaròs sobre las alternativas.
El trabajo no empezó por la campaña. Empezó por una pregunta: ¿qué pasa en Vinaròs que no pasa en ningún otro sitio exactamente igual?
La respuesta estaba en la lonja, en los pescadores que llevan décadas en el mismo oficio, en la cocina de producto sin concesiones a la tendencia. Vinaròs era un destino donde la gastronomía no era un atractivo añadido sino la razón de existir del lugar.
Eso fue el núcleo de la narrativa. Todo lo demás se construyó a partir de ahí.
El resultado del primer año fue un incremento del 38% en visitantes y un premio nacional a la mejor campaña de destino. Pero más importante que los números: el municipio tenía por primera vez una historia que contar. Y la gente que lo visitaba empezaba a contarla también.
Lo que puedes hacer desde hoy
Si gestionas la comunicación de un destino, una red gastronómica o un negocio turístico, hay un ejercicio concreto con el que empezar.
Busca los tres adjetivos que más se repiten en tus materiales de comunicación actuales. Con alta probabilidad son variaciones de "auténtico", "único" y "de calidad".
Ahora pregúntate: ¿cuántos de tus competidores directos usarían exactamente los mismos tres adjetivos para describirse?
Si la respuesta es "todos", tienes un problema de narrativa, no de ejecución.
El siguiente paso no es cambiar la campaña. Es pararte a construir el relato desde el que tiene sentido hacer cualquier campaña.